El relato de un rescate agónico protagonizado por un familiar de Luis Díaz, el buceador de Vejer que practicaba pesca submarina en Caños de Meca

Luis Miguel divisó un cuerpo flotando en el mar y no se lo pensó dos veces. Se hizo con un kayak y remó hasta el lugar en el que descansaban los restos de la persona que nunca quiso tener que rescatar. Se trataba de su concuñado, Luis Díaz, el vejeriego que desapareció en las aguas de Caños de Meca mientras practicaba su pasión: la pesca submarina a pulmón.