Corría el año 1987 cuando un escocés, James Stuart, gustaba de practicar surf en Caños de Meca. Una jornada de mucho levante le obligó a aparcar la tabla y optar por adentrarse tierra adentro y dar con un pueblo agrícola como es Vejer.
El flechazo fue instantáneo y su carácter emprendedor con el tiempo, le llevó a abrir una empresa dedicada a ofrecer visitas, senderismo y otras actividades para los turistas.
La necesidad de albergar a quienes llegaban hasta Vejer le hizo poco a poco ir creando un imperio hostelero como es el Grupo Califa.
Este vejeriego de adopción, ha sido testigo paralelo de la relación que Vejer ha mantenido durante más de dos décadas con Chefchaouen.




