Desde siempre padres y madres han escondido sus lágrimas para que sus hijos con contemplen el dolor o el sufrimiento. Pudor o vergüenza se unen para evitar que aflorar los sentimientos sean para algunos un síntoma de debilidad.
Abordamos con nuestra psicóloga, Cristina Candón, si es recomendable que nuestros hijos nos vean llorar cuando estamos mal o hay algo que nos afectado profundamente.




