Muchos fumadores no son conscientes del daño que causan al arrojar sus cigarros apagados a la arena de la playa. Esas colillas subsisten durante 10 años sin descomponerse, una auténtica bomba de relojería medio ambiental, tanto para el entorno de la playa, como para los animales que la habitan.
Una prueba de ello, son las casi 6.000 colillas recogidas en una mañana de domingo de la mano del activista «Quique Bolsitas» y un grupo de voluntarios.




