Una frase, un giro inesperado, un accidente de tráfico o un ictus pueden fracturar una vida en cuestión de segundos. El Daño Cerebral Adquirido (DCA) no avisa. Ya sea por un traumatismo craneoencefálico o por una lesión vascular, la realidad de quien lo padece —y la de su entorno más cercano— cambia de forma radical. Más allá de la supervivencia médica, el verdadero reto comienza cuando el paciente abandona el hospital y se enfrenta al espejo de una nueva cotidianidad.




