Con la llegada de la primavera, veterinarios y autoridades ambientales advierten sobre el aumento de orugas que pueden representar un peligro para perros y gatos. En parques, jardines y zonas con pinos es frecuente encontrar a la llamada oruga procesionaria, conocida por desplazarse en largas filas sobre el suelo.
El contacto con estas orugas puede provocar graves reacciones en las mascotas. Sus diminutos pelos urticantes liberan toxinas que causan inflamación, dolor intenso, salivación excesiva e incluso necrosis en la lengua o el hocico si el animal intenta olerlas o lamerlas.




