Paco Algora fue muchas cosas. Secundario de lujo. Testigo de una España convulsa. Cronista de silencios. Su rostro aparecía sin estridencias, pero cuando hablaba —cuando actuaba— era imposible apartar la mirada. Desde su debut en los años 70, supo dotar a sus personajes de una humanidad dolorosa, como si cada línea de guion le hubiera brotado del pecho. No ganó Goyas, pero dejó huellas. No buscó titulares, pero hoy es portada.
Este viernes 17 de octubre el Teatro San Francisco de Vejer acoge un homenaje que ha organizado la escuela de teatro que lleva su nombre poniendo en escena una obra muy especial.




