Los ecologistas no le dan valor a este galardón que otorga la Asociación de Educación Ambiental y del Consumidor (Adeac)
Las playas de la comarca de la Janda que poseían Banderas Azules, repetirán este galardón el próximo verano, según la información facilitada por la Asociación de Educación Ambiental y del Consumidor (Adeac), promotora de esta iniciativa.
Así, en Barbate la Bandera Azul ondeará de nuevo en la playa de El Carmen de Zahara de los Atunes.
En Vejer, El Palmar mantiene su Bandera Azul y en Conil han sido galardonadas las playas de Roche, La Fontanilla, y Los Bateles.
Entre los criterios más importantes que esta asociación tiene en cuenta a la hora de otorgar estas banderas es la calidad de las aguas, que tiene que ser excelente.
Por otro lado, se valora la información y educación ambiental a través de paneles que ofrezcan información sobre la playa, ecosistemas litorales, espacios naturales protegidos y códigos de conducta para los usuarios.
La gestión ambiental es otro de los criterios a tener en cuenta ya que la playa debe cumplir con la legislación ambiental, en especial con la Ley de Costas.
Además de las aguas, este espacio debe de estar limpio y disponer de una adecuada gestión de residuos donde se incluya la recogida selectiva de envases, papel o vidrio.
Igualmente, las playas deben contar con baños públicos y con alguno de los aseos adaptados para personas con movilidad reducida.
Se trata de unos galardones que para los celectivos conservacionistas carecen de cualquier credibilidad, se basan en meros aspectos turísticos, no realizan inspección rigurosa alguna y no evalúan con rigor el estado medioambiental de las playas.
Los premios de «Bandera Azul» solo indican la existencia de servicios para los bañistas, pero no reconocen una verdadera gestión ambiental y conservación de estos frágiles sistemas costeros.
Sobre alguna de las playas galardonas en la Janda, exponen que el caso de El Palmar, está atestado de urbanizaciones ilegales, 2.500 viviendas irregulares o ilegales, con un chiringo playero, como paradigma de la ocupación del espacio playero, así como con un proyecto indeseable de parque eólico marino y total ausencia de depuración de aguas de las viviendas ilegales.




