La pandemia nos ha obligado a mantener las distancias y a evitar el contacto entre nosotros. Esto ha provocado la inestabilidad emocional de personas que se han mostrado más sensibles a estas restricciones
La pandemia nos ha obligado a no tocarnos, a no abrazarnos, a no besarnos. También a no compartir objetos. La incidencia del coronavirus ha tirado por tierra todo lo que nos hace más personas, más humanos.
Desde la sección de psicología analizamos qué podemos hacer ante la obligada distancia.




