Cada vez más estudios confirman lo que muchos intuían: la relación entre psicología y nutrición es estrecha y bidireccional. Lo que comemos influye en cómo pensamos, sentimos y nos comportamos, pero también nuestras emociones, el estrés y la salud mental condicionan nuestros hábitos alimentarios. Ansiedad, depresión o estrés crónico pueden llevar a una alimentación desordenada, mientras que dietas pobres en nutrientes esenciales afectan el estado de ánimo y la capacidad de concentración.
Hablamos con Lidia, psicóloga y Olga, nutricionista.




