Las vacaciones suelen convertirse en una auténtica prueba de voluntad para quienes están intentando perder peso. Los cambios de horarios, las comidas fuera de casa, los aperitivos, los helados y una mayor vida social hacen que mantener los hábitos adquiridos durante el año resulte mucho más complicado.
Además, la sensación de estar de vacaciones puede llevar a relajar las pautas alimentarias y a consumir más calorías de las habituales. Esto no significa que haya que renunciar a disfrutar, sino aprender a encontrar un equilibrio.




